Cuando un mal consejo casi frenó un puesto de trabajo
Hace algunos años, un pequeño empresario me pidió una asesoría. Estábamos revisando varios temas de seguridad y gestión cuando, casi al pasar, me comentó algo que le preocupaba.
“Me dijeron que si llego a 25 trabajadores tengo que tener comité paritario. Así que me voy a quedar en 24, no pienso contratar a nadie más.”
Detrás de esa frase había una decisión concreta: no crecer, no sumar a una persona más al equipo, para evitar lo que él creía que era una obligación inmediata.
La diferencia entre 25 y 26
Le pedí que viéramos juntos la base de ese consejo. Tomé el documento que correspondía en ese momento, el D.S. N.º 54 (hoy derogado y reemplazado por el D.S. N.º 44), y fuimos directo al artículo que regula cuándo una empresa debe constituir un comité paritario.
El texto habla de empresas, faenas, sucursales o centros de trabajo que tengan más de 25 trabajadores.
Es decir, la obligación parte en 26 trabajadores, no en 25.
El empresario se quedó en silencio unos segundos y luego dijo algo muy honesto:
“O sea que estoy frenando un puesto de trabajo por un dato que además está malo.”
Cuando el problema no es la norma, sino la interpretación
Este caso, que parece simple, muestra algo que veo a menudo:
- Empresas que frenan decisiones por miedo a una interpretación incorrecta.
- Dueños que toman definiciones de contratación o despido basados en “lo que les dijeron”.
- Personas que podrían haber tenido un puesto de trabajo… y no lo tienen porque alguien leyó mal un número.
En prevención y cumplimiento normativo, un detalle como “más de 25” versus “25 o más” no es un matiz menor. Puede marcar la diferencia entre crecer o no, entre asumir una obligación real o cargar con una exigencia imaginaria.
Nuestra forma de trabajar: honestidad antes que aparentar saber
En Prevención Total, este tipo de experiencias refuerza una convicción que tenemos como equipo: preferimos la honestidad del “no lo sé, lo reviso” antes que la seguridad vacía de una respuesta no verificada.
Para nosotros, una buena asesoría no es solo conocer la normativa, sino también:
- Saber cuándo hay que revisar el texto exacto.
- No simplificar en exceso lo que tiene impacto legal y humano.
- Ser conscientes de que detrás de un “dato chico” puede haber decisiones grandes: puestos de trabajo, inversiones, cambios en la estructura de la empresa.
Responder con ligereza sobre temas normativos puede afectar a una organización completa o al puesto de trabajo de una persona. Por eso la rigurosidad no es un lujo técnico: es un acto de responsabilidad.
Un llamado a dueños, gerencias y equipos de prevención
Si lideras una empresa o trabajas en prevención, te dejo tres ideas para reflexionar:
- No tomes decisiones importantes solo por “lo que te contaron” en un pasillo.
- Pide ver la norma, el artículo específico, el documento oficial. Leer una línea puede cambiar toda la conversación.
- Valora a quienes te dicen “no lo tengo claro, lo reviso” por sobre quienes siempre parecen tener una respuesta inmediata para todo.
En este caso, la diferencia entre 25 y 26 trabajadores era pequeña en el papel, pero enorme en la práctica: significaba un puesto de trabajo que casi no existió por un mal consejo.
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— Diego Verdejo
Prevención Total

