Lo que me enseñó un médico de una mutualidad sobre infartos, lumbagos y origen laboral
Hace algunos años, trabajando con una mutualidad, me tocó participar en varias reuniones con el equipo médico. Uno de los médicos de medicina del trabajo se daba el tiempo de explicar en simple casos que, para la empresa, eran muy complejos: enfermedades profesionales, patologías crónicas, dudas sobre el origen de ciertas dolencias.
En uno de esos encuentros, durante un break, aproveché de hacerle una pregunta que siempre me había dado vueltas en la cabeza.
La pregunta incómoda: “¿Y si alguien se infarta en plena reunión?”
Le planteé un escenario bastante concreto:
“Doctor, ¿qué pasa cuando alguien tiene una enfermedad o un accidente grave en el trabajo, pero no necesariamente es de origen laboral?
Por ejemplo: estamos en una reunión, se genera una discusión acalorada y a una persona le da un infarto ahí mismo. ¿Eso es laboral o no?”
Se quedó pensando un momento y me respondió con calma:
“Mira, Diego, es bien difícil que a alguien le dé un infarto solo por una discusión. Para que eso pase, normalmente hay algo detrás: una enfermedad de base, insuficiencia cardiaca, factores que vienen de antes.”
Y luego agregó algo que me marcó mucho:
“La gente a veces olvida que mientras trabajamos toda nuestra vida adulta, el cuerpo también se va gastando y envejeciendo al mismo tiempo.”
El ejemplo del lumbago, el fin de semana y los hijos
Para que se entendiera mejor, me dio un ejemplo muy gráfico:
“Piensa en un lumbago. Si haces una fuerza mal en el trabajo, claro que se puede agravar. Pero esa misma espalda también la usas cuando haces arreglos en la casa, cuando levantas cosas el fin de semana o cuando llegas y tomas a tu hijo en brazos con las rodillas extendidas, cargando toda la presión en la columna.”
Y remató con una idea sencilla pero potente:
“Todo eso va sumando desgaste: músculos, discos, articulaciones. No siempre es tan fácil decir ‘esto es 100% del trabajo’ o ‘esto es 100% de la vida personal’.”
Ahí entendí mejor algo que, en prevención, a veces tendemos a simplificar demasiado: muchas patologías son el resultado de una suma de factores a lo largo del tiempo, donde el trabajo es una parte importante, pero no siempre la única.
¿Entonces el infarto no es laboral?
Volvimos al ejemplo del infarto en la reunión y fue bien directo:
“Con lo que me cuentas, en principio no lo consideraría de origen laboral. Pero igual hay que seguir el procedimiento.”
Y ahí vino una frase clave:
“Las mutualidades tienen el rol de acoger, evaluar y, si corresponde, descartar. No es al revés. Para distinguir, hay que mirar toda la historia clínica, los factores de riesgo, los exámenes, la evolución… no solo el minuto de la discusión.”
También fue muy honesto en algo que a veces cuesta aceptar:
“Hay casos donde el trabajo influye, claro. Pero hay otros donde lo que estamos viendo es más bien el resultado de una vida completa de hábitos, enfermedades previas y envejecimiento normal del cuerpo.”
En el fondo, no todo lo que ocurre dentro de la empresa se puede atribuir directamente al trabajo, aunque pase en horario laboral y frente a todo el equipo.
Lo que esta conversación me dejó como prevencionista
De esa conversación me quedaron tres ideas que hasta hoy repito en las empresas con las que trabajo:
- No todo lo que pasa en el trabajo es necesariamente de origen laboral.
Que algo ocurra dentro de la empresa no significa automáticamente que sea un accidente o enfermedad laboral. A veces hay enfermedades de base, factores personales o antecedentes largos en el tiempo. - Que algo no sea laboral no significa que deje de importar.
Aunque un caso se califique finalmente como “no laboral”, igual hay un equipo que se vio afectado, testigos del evento, impacto emocional y un espacio para revisar cómo estamos gestionando la salud y los riesgos en general. - El rol de prevención no es diagnosticar, es gestionar.
Corresponde a la mutualidad y al equipo médico determinar el origen. Desde prevención y desde la jefatura, la pregunta clave es otra: “¿Hay algo en la forma en que trabajamos que esté sumando presión, carga física, estrés o desgaste innecesario?”
Esta experiencia me ayudó a mirar los casos con más realismo y menos blanco/negro. Trabajamos con personas que se van gastando en paralelo al trabajo, y nuestro objetivo no es convertir todo en “laboral”, sino hacer que el trabajo sea lo más sano y humano posible dentro de lo que sí podemos controlar.
Más allá de la etiqueta “laboral / no laboral”
Al final, más que quedarnos solo en la discusión de si algo es laboral o no, vale la pena sumar otra capa de análisis:
- ¿Hay condiciones de trabajo que pueden estar acelerando ese desgaste?
- ¿Hay exigencias físicas o emocionales que podríamos moderar?
- ¿Estamos dando espacio real al descanso, a la recuperación y al cuidado de la salud?
Probablemente no podamos cambiar la historia clínica de una persona, pero sí podemos revisar qué tan razonables son las exigencias que el trabajo le pone arriba.
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— Diego Verdejo
Prevención Total

